¿Qué efectos puede tener la agroindustria sostenible?



La fundamentación de la agricultura sustentable está en el rechazo de los métodos actuales, mayormente de tipo industrializado, que reinaron durante el siglo XX. La mecanización, los monocultivos, el uso extensivo de pesticidas y fertilizantes, la biotecnología y los subsidios gubernamentales fueron las soluciones que en su momento eran vistas como las mejores prácticas para hacer llegar los alimentos a nuestros hogares de forma abundante y a precios convenientes. La gran desventaja es la repercusión de dichos métodos, como la erosión, el desgaste y la contaminación de suelos y fuentes de agua, pérdida de biodiversidad, deforestación, abuso laboral y la disminución de la población dedicada al campo.
Los efectos de las prácticas sostenibles pueden ser perceptibles desde las primeras cosechas, mientras que otros efectos no serían evidentes sino hasta que tuvieran años o décadas en práctica. La tarea acumulada por generaciones es mucha, pero la posibilidad de recuperar nuestros espacios vitales y los recursos naturales es prometedora.
Regresar a lo natural. Siendo que las prácticas sostenibles en la agricultura buscan asemejarse en lo posible a los procesos ecológicos, se promueve la recuperación natural de los terrenos, minimizando el uso de labranza y la cantidad de agua. La rotación año con año de los cultivos promueve el que los suelos se mantengan sanos, además de otras prácticas que protegen a las plantas de los elementos y las fertilizan de forma orgánica.
Reto a corto plazo de cultivos orgánicos. Es una realidad que, al cambiar a cultivos sostenibles, los primeros resultados serán cosechas más reducidas. La aplicación de nuevas técnicas de cultivo, tecnologías para maximización de recursos y optimización de procesos, pueden eventualmente igualar y superar a las cosechas basadas en métodos tradicionales.
Mejores condiciones para los agricultores. Las prácticas sostenibles en el campo tienen una connotación de mayor cuidado, calidad y productos más saludables, mientras que los procesos para generarlos son más humanos y los precios en el mercado permiten aspirar a una mejor calidad de vida, reactivando con ello la economía rural. Como efecto adicional, existiendo beneficios en el campo, puede reducirse la migración del campo a la ciudad, en búsqueda de mejores oportunidades.
Agricultura sin desperdicios. Cada elemento dentro de la agricultura sostenible es aprovechado, por lo que no se genera basura o desechos, maximizando la capacidad de la tierra disponible.
El repunte del campo a nivel nacional. Incluso con las condiciones actuales y tecnologías agrícolas convencionales, México se encuentra en la doceava posición a nivel mundial como productor de alimentos. Mientras que la propagación de la sostenibilidad llegue a más agricultores, el campo mexicano podría convertirse en un impulsor de nuestra economía a una escala superior, que pueda incluso rivalizar con la exportación de petróleo.

El aseguramiento del suministro alimenticio. Aunque los métodos actuales pueden proveernos del alimento que la nación y la comunidad mundial necesita para subsistir, de continuar con ellos podemos quedar cortos en resultados dentro de un par de décadas, mientras que estaríamos agotando recursos disponibles para las siguientes generaciones, proyectando así un posible encarecimiento de los alimentos debido a la escasez. Las prácticas sostenibles podrán traernos soluciones a las demandas mientras se preserva el ambiente.

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